Sinopsis

Ante la reciente de la muerte de Fidel Castro, cinco veteranos de la Guerra de Angola que viven en lo más profundo de la Sierra Maestra se resisten a abandonar el mandato del Comandante en Jefe. Cada día, en un ritual secreto, se entrenan para luchar contra el enemigo. Ajenos a las profundas transiciones que está viviendo la Cuba actual y acompañados solamente por sus técnicas de combate y sus recuerdos de guerra, emprenderán un viaje de no retorno hacia lo más profundo de la selva.

La primera y clara inspiración para elegir a los protagonistas ha sido su experiencia en la guerra, pero sobre todo por su “delirio para mantenerse de algún modo a flote en el oleaje de la vida” como diría Robert Walser. Estos héroes anónimos tienen el rostro ajado por el sol y el recuerdo de la juventud perdida en los tres años que participaron en el llamado “Vietnam Cubano”. Lúcidos en su abandono, se exilian en ese esquizoide ritual fuera del tiempo y del espacio que hace de los entrenamientos diarios otra isla posible: un lugar donde aún son válidos, fuertes, astutos y también, espiritualmente, jóvenes. Ellos han marcado los propios límites de sus vidas entre estos dos polos: la autodisciplina rigurosa como campesinos durante el día y la deriva sin final en la noche. Cruzan de un lado al otro con la facilidad absoluta de un psicótico -como ellos mismos a veces se nombran. Por todo ello son seres completos.

 

Para ello empleamos un método de trabajo que prioriza el tiempo como llave para la revelación: tiempo de investigación, tiempo de rodaje y tiempo de duración de los planos. Y eso solo es posible a través de la complicidad absoluta con ellos y la comunidad por un largo tiempo. Así, no solo mediante la palabra o en el acto de entrenar sabemos que son guerreros, sino también cuando recogen el café, fuman en silencio, miran la luz a través de las ramas de los árboles, escuchan los sonidos de la selva, beben, hacen el amor, o permanecen insomnes durante toda la noche.

 

Es a partir de su estrecha relación con lo que nosotros estamos haciendo donde aparece la autoconciencia de ellos mismos no solo con respecto a su rol dentro de la película, sino como protagonistas de sus propias vidas. Esto ha producido un avance esencial en la concepción del filme, pues a nuestro trabajo se le suma la ventaja de que la comunidad me conoce desde hace más de diez años, y los protagonistas desde hace cuatro. En todo este tiempo se han vuelto seres activos que proponen, que muestran, que participan del proceso creativo, lo que conforma un rico proceso descubrimiento mutuo.

 

Es desde el hecho de poder contar con cinco personajes que en la vida real son “actores” de su propia ficción (el simulacro cíclico de la guerra) donde encontramos un equilibrio necesario y fundamental para poder hacer el filme, pues solo a partir del doble “juego” -el juego nuestro de filmar a cinco hombres que juegan aún a la guerra- es que podemos tratar el trauma sin dañar a quienes ofrecen su experiencia de guerra, silenciada durante décadas. Por ello el casting ha sido muy largo, exhaustivo y delicado, porque explora una herida que aún hoy es tabú y está abierta en Cuba, especialmente ahora cuando por primera vez en tantos años la Guerra Fría parece haber tocado fin en la Isla.

Irene Gutiérrez

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