«Comenzamos a imaginar esta historia en la casa de la familia de Samuel, situada en lo alto del acantilado que aparece en la película, en la isla de Lanzarote. Desde este lugar hostil, en el que la familia ha vivido desde que alcanza su memoria, se puede ver la pequeña isla de La Graciosa, donde vive Fátima, el marqués y el resto del pueblo. Esta dialéctica insular nos llevó a fabular sobre la historia de la conquista de estas islas y a explorar cómo los sistemas de poder emergen de la escasez y el miedo, devastando la tierra y a la gente que la habita. Pero también sobre cómo, en medio de la privación, pueden surgir gestos emancipadores de solidaridad y rebelión.
Atravesamos un presente ruinoso, en el que olvidamos que el impulso de ayudarnos mutuamente es tan fundamental para el ser humano como el deseo de poder. A lo largo de la historia, las jerarquías siempre han intentado sofocar este instinto colectivo, sustituyendo la cooperación por la competencia. Sin embargo, este instinto persiste, alumbrando nuevas formas de habitar el mundo.
En un rincón olvidado de nuestra historia colonial —en el que se ubicó el paraíso de la mitología griega— evocamos un mundo de sequía y conquista, donde los destinos de personas esclavizadas, colonos y supervivientes tuvieron que converger en el violento nacimiento de un orden nuevo que condiciona nuestro tiempo.»
Helena Girón y Samuel Delgado